Era muy pequeño apenas tenia 5 o 6 años, pero lo recuerdo muy bien, son como esas cosas que nunca se borran de la mente, como un tatuaje que permanece por toda la vida, recuerdo que era un niño feliz, sin nada que pudiera preocuparme, vivia en una casa muy bonita, mis padres se querian mucho, simplemente era un niño, solo eso.
Recuerdo bien a mi madre, que en ese entonces me arropaba por las noches y me daba un beso cariñoso y a la mañana siguiente me despertaba para preparme el desayuno y llevarme al colegio. Mi papá trabajaba mucho y siempre regresaba a casa ya cuando era de noche, muchas veces no lo escuchaba llegar porque ya estaba dormido.
Una noche desperte subitamente, el rechinar de unas llantas frente a la casa me sobresaltaron, era el auto de papá, bajó apresuradamente del coche y en mi cuarto escuche el portazo que dio al entrar a la casa, llamó a mi madre y se sentaron en el comedor, mi papá comenzo entonces a hablar en un tono muy alto, parecia desesperado sin embargo siendo yo un niño pense que estaba enojado, asi que me acerque a la puerta y la abri solo un poco, por la rendija podia observar a mis padres en el comedor, él estaba exaltado y mi madre trataba de calmarlo, ahora que lo pienso tal vez iba con unas copas de más.
"No es posible", decia mi padre mientras se frotaba la frente repetidamente "no es justo que me despidan de esa manera sin aviso y sin motivo, que vamos a hacer Martha que vamos a hacer" decia mientras mi mamá lo tomaba del brazo, aun siendo niño podia comprender que mi papá ya no tenia trabajo y eso no era nada bueno, él siguio contando todo a su esposa, con lujo de detalle, decia algo como que lo habian culpado de un fraude en la compañia en que habia trabajado y recuerdo muy bien la palabra ruina, en ese entonces no sabia que era eso, sin embargo mas tarde lo sabria muy bien.
La platica entre ellos duró un rato mas, mientras que por la rendija de mi puerta una raya de luz seguia iluminando mi ojo izquierdo, en eso, mi padre se levantó de la mesa, mi madre trato de detenerlo pero no lo logro y salió de la casa tal como entró, mi madre se llevo las manos al rostro y sollozando levantó la cabeza y se dio cuenta que mi puerta estaba abierta y que estaba yo ahi, secó sus lagrimas y me dirijio la mirada mas dulce y tierna que una madre tiene para su hijo, y sonriendo me dijo "no pasa nada mi amor, duermete" la luz reflejada en mi rostro se fue achicando, cerre la puerta con esa imagen en mi mente y me fui a dormir.
A mi padre.............. jamas lo volví a ver.